Nació en Jerusalén. Era hijo de Zebedeo, dueño de un navío de cabotaje muy importante en los principales puertos del mar de Galilea.
Su madre, Salomé, era prima de la Stma. Virgen María, la madre de Jesús. Por lo tanto Santiago era pariente de Jesucristo y pertenecía a la descendencia del Rey David. Él y su hermano Juan recibieron de sus padres una educación muy piadosa y austera.
Un día pasó Jesucristo por la orilla del mar de Galilea, vio a los dos hermanos que estaban con su padre arreglando las redes y los llamó. Los jóvenes dejaron las redes y lo siguieron. Compartieron con Jesús tres años, durante los cuales el MAESTRO les enseñó su doctrina.
Santiago, el mayor, tenía un carácter muy resuelto y sacrificado para emprender una profesión muy andariega y desconocida, abandonando a su padre y su trabajo sin fijarse en los sacrificios que le depararía tan atrevida corazonada.
Santiago recibió un buen y nuevo nombre de su MAESTRO Jesús, quien lo llamó Hijo del trueno. Él, justificó plenamente su sobrenombre porque su voz llevó el pregón evangélico hasta los confines del viejo mundo.
El intrépido Hijo del trueno salió de Jerusalén para trasladarse por mar a España, dejando asentados allí los cimientos de la Iglesia.
Regresó a Jerusalén donde reinaba Herodes Agripa, quien le dio muerte con la espada.
Así, Santiago fue quien sembró en España la semilla del cristianismo, doctrina que fuera después traída por los descubridores y misioneros hasta América. Así, es como su voz de trueno, retumba aún en los confines del MUNDO NUEVO.




















